9.7.07

Modelo a seguir

A pesar de haber dejado de hablarle, él decía que me quería ver igual, que las cosas del pasado ya no importaban y qué sólo quería saber que fue de mi vida durante este tiempo. Tres años habían pasado ya y habían demasiadas cosas por contar, pero qué puede ser interesante en la vida de un joven que lo único que hace es ver tele y jugar en la computadora, pensé. Sus historias de jueguitos y amores no correspondidos se interpondrían en mis quehaceres y retardarían toda mi agenda, pero mi secretaria ya le había dicho que sí, así que no tuve más remedio que ir a su encuentro. Llegué puntual y ahí estaba esperándome si no llevara mi apellido dudo que lo reconocería como hijo. Sólo hora y media teníamos y debía ser suficiente para ponernos al tanto. Quise invitarlo a tomar unos tragos pero ¿será posible que en está ciudad no se encuentre un Bibsons con Geefeater decente? Mis intercambios de palabras y opiniones con los mozos no hacían más que avergüenzar al pobre de mi hijo, pero debo señalar que mi pedido no era algo tan imposible como los mozos señalaban. Esto pasa cuando la gente que está a cargo no tiene la noción necesaria para ejercer un tipo de autoridad y saber preparar un simple cocktail; si hubiéramos ido a mi restaurante, esto jamás hubiera pasado. Entre discusiones, vueltas y caminatas rápidas hablamos, en realidad él me contaba como le estaba yendo en el colegio, que ya terminaba, y estaba pensando en seguir estudiando abogacía. Un padre normalmente se pone muy feliz cuando un hijo dice esto, siempre tiene la ilusión que sea exitoso y que sea feliz, pero debo decir que me sentí raro. Estando en el gremio sabía lo que se sufría, lo que se padecía la interminable carrera, sabía de las largas horas tras un escritorio escribiendo demandas y ordenando expedientes para las tediosas audiencias, lo que era lidiar con clientes quejosos, y también sabía de las incontables horas que pasa uno fuera de su casa. La mayoría de esto había sido el causante del divorcio con su madre, y también el común denominador en las quejas de su madre y las de él de pequeño. Uno por ser exitoso deja de lado muchas otras cosas y la verdad es que no tenía en claro si mi ritmo de vida era el que deseaba para él. Sabía que era su rol a seguir pero nunca lo había notado, ni había sentido esta presión. Se hizo la hora y partió en el tren que lo llevaría de vuelta a su casa y no me di cuenta porque el diarero me retuvo hablando y aconsejándome sobre diarios y perfiles periodísticos, y si uno no le a la enseña al gente cómo y qué leer, el mundo estaría lleno de idiotas que leerian cualquier diario amarillista.


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